domingo, 10 de noviembre de 2013

EL BUEN USO DE LAS PALABRAS


El lenguaje es el rasgo más característico de la especie humana y es distintivo con respecto a otras especies. Todas las especies animales poseen conductas para comunicarse, pero en ninguna de ellas podemos encontrar algo semejante al lenguaje. Por lenguaje hay que entender “aquella función compleja que permite expresar y percibir estados afectivos, conceptos, ideas, por medio de signos acústicos o gráficos”




El lenguaje es un sistema de signos o símbolos que se usan para la comunicación en una codificación determinada, para la representación de objetos, personas, acontecimientos, pensamientos... esta representación supone procesos materiales de naturaleza física y fisiológica (motora y acústica-perceptiva), cognitiva, emocional y social.


El desarrollo del sistema lingüístico es imprescindible para el desarrollo social e intelectual y viceversa. Por tanto, evaluar el desarrollo del lenguaje es evaluar el desarrollo de un sistema de comunicación interactivo que sirve para establecer contacto con el mundo circundante, establecer relaciones para aprender y poder pensar (Del Barrio, 1997).


La adquisición del lenguaje supone un gran cambio, pues se amplían las posibilidades comunicativas consigo mismo y con los demás. El lenguaje es un instrumento de conocimiento y transformación de la realidad.


Los niños comienzan a usar el lenguaje no porque tengan una capacidad de uso del lenguaje, sino porque tienen necesidad de conseguir la realización de cosas que su uso les confiere. Los padres los ayudan con un espíritu semejante: los quieren ayudar a convertirse en seres humanos civilizados, no sólo en hablantes del lenguaje. (Bruner, 1986).


Una vez descrito el proceso evolutivo del niño a nivel lingüístico, nos podemos plantear la siguiente cuestión: ¿Qué puedo hacer para estimular el lenguaje y la comunicación en edades tempranas?


ü  Utilizar un lenguaje claro y sencillo.

ü  No utilizar una terminología inadecuada para designar. Recordad: los objetos, las personas, los animales…tienen su nombre en numerosas ocasiones utilizamos onomatopeyas (sonidos), para designar algunos animales por ejemplo: pipi (pájaro) o guaguau (perro) sería conveniente,  que cada cosa, sea designada con su término correspondiente.

ü  Evitar el lenguaje infantilizado, no debemos olvidar, que es el niño el que deberá adaptar a aprender de nosotros un lenguaje, NO nosotros adaptarlo al que el niño emplea.

ü  Realizar expansiones semánticas: es decir alargar las frases, esto les enriquecerá.

ü  Dejar que el niño se exprese, no cortarle en el momento que nos está intentando comunicar algo, en ocasiones, cuando desesperamos porque el niño en ese momento es incapaz  de expresar adecuadamente, o todo lo rápido que el adulto pretende su discurso, se realiza  una sobreinterpretación del adulto, intentando hablar por él. CONSIGNA: PACIENCIA, el niño está construyendo su lenguaje, su procesamiento es más lento que el del adulto.

ü  Crear situaciones comunicativas, preguntándole cómo le ha ido el día, qué ha comido…

ü  Hacer juegos relacionados con el habla, no hace falta buscar juegos muy sofisticados, con un simple VEO-VEO, con unos cuentos del huevo de chocolate, etc, podremos construir situaciones idóneas para estimular el lenguaje del niño.


La independencia que poco a poco van saboreando los niños les induce a probar el límite de lo permitido. Saltan, corren, comen, se visten  solos y cada día descubren el poder del lenguaje.

Las palabras mal sonantes surgen cuando el niño descubre y utiliza el poder del lenguaje para expresarse. Pero en estas edades, es nada si lo despojamos de la carga expresiva que acarrea.


Cuando un niño dice: “tonta” a su mamá, no desea hacerle llegar el significado de esta palabra, lo más probable es que lo haga porque es incapaz de encontrar palabras para expresar su estado de ánimo.


Lo importante es que los padres canalicen los sentimientos negativos y palabras mal sonantes a otras formas de expresión. Para evitar estas palabras mal sonantes podríamos recomendar las siguientes pautas de actuación:


ü  Dar ejemplo (Lo que no se oye, no se imita).

ü  Evitar reír o sonreír ante cualquier palabra fea (La risa les incita a repetirla).

ü  Explicaremos que algunas palabras resultan feas porque pueden molestar y que si alguien se las dijera a ellos no les gustaría, que les trataran así.

ü  Mantén la calma y no le des demasiada importancia (Si no centramos mucho su atención ante “·esa” palabra pierde poder).

ü  Ofrecer alternativas : No me gusta que hagas…

ü  Ofrecer lecturas variadas para incrementar su vocabulario.


Para terminar y a modo de conclusión , me gustaría señalar que sois los encargados de construir un edificio muy complejo, formáis parte de forma activa de un proceso fundamental en el desarrollo evolutivo de los niños, por lo que debéis involucraros lo máximo posible y dar ejemplo, ya que el desarrollo del lenguaje está íntimamente relacionado con el  desarrollo madurativo del ser humano.

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