El lenguaje
es el rasgo más característico de la especie humana y es distintivo con
respecto a otras especies. Todas las especies animales poseen conductas para
comunicarse, pero en ninguna de ellas podemos encontrar algo semejante al
lenguaje. Por lenguaje hay que entender “aquella
función compleja que permite expresar y percibir estados afectivos, conceptos,
ideas, por medio de signos acústicos o gráficos”
El lenguaje
es un sistema de signos o símbolos que se usan para la comunicación en una
codificación determinada, para la representación de objetos, personas,
acontecimientos, pensamientos... esta representación supone procesos materiales
de naturaleza física y fisiológica (motora y acústica-perceptiva), cognitiva,
emocional y social.
El
desarrollo del sistema lingüístico es imprescindible para el desarrollo social
e intelectual y viceversa. Por tanto, evaluar el desarrollo del lenguaje es
evaluar el desarrollo de un sistema de comunicación interactivo que sirve para
establecer contacto con el mundo circundante, establecer relaciones para
aprender y poder pensar (Del Barrio,
1997).
La
adquisición del lenguaje supone un gran cambio, pues se amplían las
posibilidades comunicativas consigo mismo y con los demás. El lenguaje es un
instrumento de conocimiento y transformación de la realidad.
Los niños
comienzan a usar el lenguaje no porque tengan una capacidad de uso del
lenguaje, sino porque tienen necesidad de conseguir la realización de cosas que
su uso les confiere. Los padres los ayudan con un espíritu semejante: los
quieren ayudar a convertirse en seres humanos civilizados, no sólo en hablantes
del lenguaje. (Bruner, 1986).
Una vez
descrito el proceso evolutivo del niño a nivel lingüístico, nos podemos
plantear la siguiente cuestión: ¿Qué
puedo hacer para estimular el lenguaje y la comunicación en edades tempranas?
ü
Utilizar
un lenguaje claro y sencillo.
ü
No
utilizar una terminología inadecuada para designar. Recordad: los objetos, las
personas, los animales…tienen su nombre en numerosas ocasiones utilizamos
onomatopeyas (sonidos), para designar algunos animales por ejemplo: pipi
(pájaro) o guaguau (perro) sería conveniente,
que cada cosa, sea designada con su término correspondiente.
ü
Evitar
el lenguaje infantilizado, no debemos olvidar, que es el niño el que deberá
adaptar a aprender de nosotros un lenguaje, NO nosotros adaptarlo al que el
niño emplea.
ü
Realizar
expansiones semánticas: es decir alargar las frases, esto les enriquecerá.
ü
Dejar
que el niño se exprese, no cortarle en el momento que nos está intentando
comunicar algo, en ocasiones, cuando desesperamos porque el niño en ese momento
es incapaz de expresar adecuadamente, o
todo lo rápido que el adulto pretende su discurso, se realiza una sobreinterpretación del adulto,
intentando hablar por él. CONSIGNA: PACIENCIA, el niño está construyendo su
lenguaje, su procesamiento es más lento que el del adulto.
ü
Crear
situaciones comunicativas, preguntándole cómo le ha ido el día, qué ha comido…
ü
Hacer
juegos relacionados con el habla, no hace falta buscar juegos muy sofisticados,
con un simple VEO-VEO, con unos cuentos del huevo de chocolate, etc, podremos construir situaciones
idóneas para estimular el lenguaje del niño.
La
independencia que poco a poco van saboreando los niños les induce a probar el
límite de lo permitido. Saltan, corren, comen, se visten solos y cada día descubren el poder del
lenguaje.
Las palabras mal sonantes
surgen cuando el niño descubre y utiliza el poder del lenguaje para expresarse.
Pero en estas edades, es nada si lo despojamos de la carga expresiva que
acarrea.
Cuando un
niño dice: “tonta” a su mamá, no desea hacerle llegar el significado de esta
palabra, lo más probable es que lo haga porque es incapaz de encontrar palabras
para expresar su estado de ánimo.
Lo
importante es que los padres canalicen los sentimientos negativos y palabras
mal sonantes a otras formas de expresión. Para evitar estas palabras mal
sonantes podríamos recomendar las siguientes pautas de actuación:
ü
Dar
ejemplo (Lo que no se oye, no se imita).
ü
Evitar
reír o sonreír ante cualquier palabra fea (La risa les incita a repetirla).
ü
Explicaremos
que algunas palabras resultan feas porque pueden molestar y que si alguien se
las dijera a ellos no les gustaría, que les trataran así.
ü
Mantén
la calma y no le des demasiada importancia (Si no centramos mucho su atención
ante “·esa” palabra pierde poder).
ü
Ofrecer
alternativas : No me gusta que hagas…
ü
Ofrecer
lecturas variadas para incrementar su vocabulario.
Para
terminar y a modo de conclusión , me gustaría señalar que sois los encargados
de construir un edificio muy complejo, formáis parte de forma activa de un
proceso fundamental en el desarrollo evolutivo de los niños, por lo que debéis
involucraros lo máximo posible y dar ejemplo, ya que el desarrollo del lenguaje
está íntimamente relacionado con el
desarrollo madurativo del ser humano.
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